domingo, 8 de septiembre de 2013

Jalisco: Madre y sus hijos, atropellados y muertos por un ebrio

"Venía bien pingo...", señalaba un testigo a David Medeles Palacios, de 24 años, quien mató a las diez de la noche de este viernes a una madre y a dos de sus hijos tras arrollarlos en Lomas del Mirador, en Tlajomulco; el tercer infante, atropellado también, quedó muy malherido.

Era una joven madre, Rosa Elena Arriaga Bautista tenía 26 años. Y a su edad ya tenía tres hijos: Armando, de un año; Ricardo Gael, de tres años; y Juan, pequeño también, pero cuya edad no se dijo.

El trabajo de su marido era cuidar un rancho cerca del domicilio de la familia, que vivía en el fraccionamiento; al parecer, la familia pasaba los días en su pequeña casa y en el rancho.

Esa noche Rosa se encontraba en el rancho y decidió salir con sus hijos hacia la población. Iba a la tienda a comprar algo para cenar. Llevó salchichas y otros víveres y regresó rumbo al rancho por la avenida por la que se ingresa a las etapas 11 y 12 de Lomas del Mirador; algunos conocen esa vía como Granada; otros, le dicen "camino a la Plaza de Toros".

La vialidad conecta con Adolf Horn; son alrededor de tres kilómetros casi rectos interrumpidos por una glorieta construida justo al ingreso a esa parte de la colonia.

"La agarran de autopista", exclamó un habitante del lugar que a diario ve cómo conductores aceleran sus vehículos sin empacho por esa calle aislada, "y aquí nunca hay agentes viales", lamentó, "sólo para sacarles lana a los de los mototaxis".

Al llegar a la glorieta, Rosa caminó como todos por la orilla de la calle, porque ahí no hay banqueta. La joven familia empujaba una carriola donde llevaban al pequeño Armando. Una luz los tomó por la espalda.

David gustaba de circular a toda velocidad por Granada, más los fines de semana, aseguró un joven que lo conocía de vista. En esta ocasión, la velocidad de su auto era tal y su pericia tan poca que se abrió en la curva de la glorieta hasta la orilla, por donde caminaba Rosa y sus tres hijos.

Un testigo contó que sólo escuchó el escándalo: golpes, tumbos, alaridos de dolor y un choque que detuvo la marcha del automóvil asesino.

Salió de su casa, junto a la glorieta, y vio la escena: trapos, comida, cuerpos tirados en diagonal a través de unos cuarenta metros de calle, que terminaban en un Chevy estrellado arriba del camellón de la avenida, con un niño debajo de él y con una carriola en su frente.

David bajó de su coche, blanco, manchado y abollado y caminó por el rastro de muerte que dejó. Vio a uno de los niños tirado, inerte; se llevó las manos a la cabeza, admirado por su obra, y comenzó a alejarse del lugar.

De un vehículo que circulaba por ahí bajaron los tripulantes y detuvieron los pasos de David. Los choferes de los mototaxis, escandalizados, se abalanzaron sobre él. Los vecinos que oyeron el alboroto y vieron lo que sucedió se les unieron. Le propinaron algunos golpes y patadas cuando una patrulla de Tlajomulco llegó a detener el linchamiento. Lo esposaron y lo subieron a la caja.

"Pero que la gente se dé cuenta, este ca... se estaba riendo arriba de la camioneta, y decía 'no hay pedo, al rato salgo, hay lana...', nos lo hubieran soltado en ese rato", dijo otro testigo encolerizado por el presunto cinismo del imprudencial homicida.

"Si lo bajan no la cuenta", dijo otro muchacho, indignado por la escena.

Los medios entrevistaron al conductor, quien malabareaba sus ideas y argumentaba que trabajaba en alguna empresa de seguridad privada. Dijo que la familia se le atravesó, pero los peritos de Ciencias Forenses marcaron en el piso la trayectoria del suceso: un primer impacto justo a la orilla del arroyo de la calle que terminó en el centro del camellón. A lo largo del recorrido estaban las pertenencias de Rosa, su cuerpo y el cuerpo de uno de sus hijos; un vástago más fue sacado de debajo del automóvil; otro yacía a la orilla del camino

Los vecinos ya habían colocado veladoras junto a ellos. Llegaron familiares y conocidos de Rosa: "¿A los tres?", preguntaban angustiados; un par de mujeres rompieron en llanto; otra más quedó en shock. Al marido no lo encontraban para darle la noticia: su esposa y dos hijos fallecidos y el otro al borde de la muerte.

Hasta la noche del viernes, Rosa, Armando y Gael perecieron; David quedó detenido; Juan, malherido; el esposo, sin hallar; y los vecinos -extrañamente-, deseando que liberen a David, quien espera los análisis de alcoholemia y resultados periciales que decreten su inocencia.


(Con información de Informador.com.mx) 

No hay comentarios. :

Lo más leído y comentado